Que el apalancamiento (financiero) no te apalanque

Pol Santandreu analiza el fenómeno de "apalancamiento financiero" por parte de las empresas en el contexto actual de confinamiento por coronavirus.

Pol Santandreu

Santandreu es profesor del Máster Universitario en Administración y Dirección de Empresas de la Euncet Business School y en su artículo de opinión «Que el palancajament (financer) no t’apalanqui» publicado en l’economic analiza el fenómeno de «apalancamiento financiero» por parte de las empresas en el contexto actual de confinamiento por coronavirus

En el lenguaje financiero, el apalancamiento financiero es la capacidad de una empresa de financiarse recurriendo a la deuda con terceros. Se denomina apalancamiento positivo cuando el coste de la deuda es inferior a la rentabilidad que se obtiene de las inversiones financiadas con estos recursos. Si, en cambio, el rendimiento es menor al coste de la financiación, el apalancamiento es  negativo.   

En el lenguaje coloquial, decimos que alguien se apalanca cuando se acomoda a una situación en su “zona de confort”, que se dice en psicología. Este apalancamiento implica adaptarse a unas rutinas, sin cambiar demasiadas cosas y sin asumir muchos riesgos.              

Cuando las empresas se «apalancan»

A causa del confinamiento, resultado de la pandemia, muchas empresas han generado fuertes pérdidas. Y es que, al no poder ofrecer sus productos y servicios, muchas se han visto obligadas a pedir financiación para cubrir ese agujero. Esta financiación tiene que venir de aportaciones de capital por parte de accionistas, de ayudas a fondo perdido por parte de administraciones o bien de deuda nueva. En esta última línea, las administraciones públicas están ofreciendo líneas de financiación a través de las entidades financieras.

Las organizaciones – las que pueden y tienen acceso a estas líneas-, en la medida que no saben hasta cuándo durarán los efectos de la caída de las ventas, se cubren las espaldas pidiendo el máximo de deuda posible.               

Los actuales bajos costes de la financiación hacen que muchas empresas pidan más de lo que sus previsiones más pesimistas hacen suponer. Esto no presenta ningún problema en sí mismo, salvo que, posteriormente, se olvide el sentido de la decisión tomada.              

Las empresas tienen que usar la deuda para compensar las pérdidas, pero tienen que ser capaces de adaptar sus modelos de negocio, para que funcionen en un futuro inmediato y sean capaces de generar los flujos de caja suficientes que permitan el pago de esta deuda y la viabilidad del mismo.

Si la deuda que se pide es demasiado grande, se puede caer en el apalancamiento (el acomodo) en la toma de decisiones. Y este hecho puede ser muy peligroso. La deuda tiene que ayudar –como los respiraderos ayudan a los enfermos de la COVID-19-, pero las organizaciones tienen que tomar las decisiones estratégicas que los permitan salir de esta crisis.